Este cortometraje muestra el lado más bello del amor. Un hombre marcha al contrario que lo hacen todos los demás. De repente, se fija en una chica y… ¡sorpresa!… Parece ser que se mueve igual que él.
Quizás la moraleja la encontramos en aquel dicho popular: “Siempre hay un roto para un descosido.”

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