Si me quieres a mí, quieres a mi perro

Te cansa que esté tan pendiente de mi perro; que le haga cucamonas; que respete sus horarios y que me preocupe cuando creo que está resfriado.

perro

Lo mismo hago contigo, querido. Y mi perro no tiene ningún problema con eso. Jamás se ha quejado de la atención que te presto.

Así como tampoco se ha quejado por el par de kilitos que engordé en las pasadas navidades. Tú sí me lo hiciste notar y -aprovecho para decírtelo- me sentí fatal con tu comentario.

A mi perro no le importa si me he manchado el traje, si mi pelo está encrespado, si voy en pijama o en chandal. Igual se alegra de verme. Ya sé. A ti te hace más ilusión cuando voy de punta en blanco y puedes presumir de novia.

Mi perro me demuestra si está contento, triste o molesto. Es claro y directo. Contigo tengo que esforzarme en entender qué piensas o qué sientes. Y tengo la sensación de que no acierto.

A ver, ¿te molesta que acaricie al perro?, ¿que le preste tanta atención?, ¿que lo quiera como a un miembro de mi familia?

Dices que es un animal, sólo un animal. Y te pones por delante, tú solito, auto-asignándote prioridad sólo porque tú eres un ser “pensante” que camina sobre dos piernas.

Perdona, pero no. Si me quieres a mí, quieres a mi perro y respetas mi vínculo incondicional con él.

Si no, búscate a otra sin mascota, para invadir su vida y llenarla de exigencias. Tú decides.


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