Perdona pero no olvides

Todos cometemos errores. Tú, también. Asimismo, perdonamos los errores de otros y nos agrada que nos perdonen los nuestros.

pasado

El perdón es una liberación. Una vez que ha pasado el tiempo necesario (que, dependiendo de la ofensa, puede ser muy largo), el perdón es curativo. Te permite seguir adelante, dejando atrás el dolor.

Más que para el ofensor, el perdón es un regalo que te haces a ti mismo. Despejas el camino de culpas y rencores, lo cual le hace un bien a tu salud (también la física).

Ahora bien, perdonar es eso: Desligarse del dolor. Cosa que no quiere decir que justifiques el comportamiento que te hirió o, mucho menos, que lo olvides y la enseñanza caiga en saco roto.

Perdonar es sano. Olvidar, no.

Si olvidas, quitándole importancia a la lección y minimizándola hasta que desaparece, quedas expuesto a ser herido de nuevo.

La experiencia dolorosa que viviste ya la has superado. Déjala estar. No se la eches en cara a quien te hirió. Sin embargo, quédate con lo aprendido.

Observa bien la situación para reducir las probabilidades de tropezar de nuevo. Da por buena la sabiduría que ahora tienes, aunque la hayas logrado a costa de pasarlo mal.

Haz lo que puedas por evitar que la misma persona (u otras) te hieran haciendo eso que te hizo sufrir. Gracias a lo que sabes, ahora puedes ver venir el golpe.

Por esa razón, no olvides.

Imagen de bitzcelt


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