¿Qué cualidades te hacen especial?

¿Cuáles dirías tú que son las cuatro o cinco cualidades más atractivas de tu persona? ¿Tienes claros tus puntos fuertes?

Piensa en dichas cualidades y, después, intenta responder con un “sí” o con un “no” a las siguientes preguntas:

  • ¿Es fácil encontrar alrededor a otra persona con esa misma cualidad?
  • ¿Eso que tú tienes o sabes hacer se puede comprar… o puedes contratar a alguien que lo haga?
  • ¿Se deteriora con el paso del tiempo?

Si has respondido que sí a esas tres preguntas, estás centrando tu atractivo en cualidades secundarias. Quizás impresiones con ellas en un primer instante. Pero, al poco tiempo, pierden fuelle.

Por ejemplo, ¿eres muy bueno en la cama? ¿Y qué? Eso no te hace muy especial. Además de que es una cualidad que abunda, hay multitud de productos y servicios a los que cualquiera puede acudir para satisfacer su necesidad física.

¿Cocinas muy bien? Cualquiera, que tenga ganas, puede aprender a cocinar. Y, si no, a subsistir y a elegir entre infinidad de restaurantes que tienen buena comida. A no ser que seas un fuera de serie, un artista de los fogones, esta capacidad se halla en abundancia en el entorno.

caballero galante¿Eres guapísimo o bellísima? Para qué recordarte que esto tiene fecha de caducidad…

¿Tienes dinero de sobra? Sólo impresionarás a la gente que quiere aprovecharse de él, que me imagino que es la que menos te interesa. En este caso el atractivo es el dinero, no tú.

Todas ésas son cualidades de segunda, un extra.

Las que de veras te hacen valioso son esas cualidades que no se deprecian con el tiempo; ésas que es raro encontrar por ahí.

Ejemplos: Lealtad, honestidad, sentido del humor, buena conversación…

Ponte la mano en el corazón y piensa en ello. ¿Si tuvieras que elegir a una persona para compartir tu vida con ella, qué cualidades valorarías más?

Ya que tienes tu propia respuesta, ahí va la sugerencia: Invierte tiempo desarrollando cualidades que te hagan verdaderamente especial. Gracias a eso, es probable que encuentres en el camino a alguien que valore lo mismo que tú; alguien con quien puedas conectar a otro nivel.

No te quedes en lo superficial, en lo secundario. ¡Vete a por lo bueno!


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