¿Qué pasaría si fueras un poquito más egoísta?

Es increíble la cantidad de personas que, tras conocer al hombre o mujer de sus sueños, hacen de él o de ella su prioridad absoluta. Aman tanto, que se olvidan de sí mismos.

Ahí llega el amor de tu vida. Cocinas para él. Limpias para él. Tienes con él todos los detalles que pasan por tu cabeza. Y, desde luego, basta con que él (o ella) abra la boca, para que tú estés listo para complacerle.

Tus asuntos personales pasan a un segundo plano. Hasta recortas tiempo de tus otras relaciones para consagrarte a tu pareja.

sola esperando

No hablo de ti en particular. Describo eso que hace mucha gente. Seguro que conoces a alguien que está así de entregado a su relación de pareja. Y segurísimo que también conoces a alguien a quien esa manera de actuar le ha pasado factura.

Personas que lo dan todo a su amor y, tiempo después, descubren que su amor ni hace lo mismo, ni está dispuesto a hacerlo.

Entonces, miran atrás y ven el exceso de tiempo y energía que han invertido; cómo han descuidado su propia vida, sus objetivos, lo que les hacía felices como individuos… Y se lamentan de que no valió la pena tanto esfuerzo.

Pues bien. Eso podría haberse evitado con una pizquita de egoísmo por su parte. Sí, egoísmo. No llevado al extremo de ponerse uno primero y no hacer sitio a nadie más, sino en una pequeña dosis. La justa para que la persona asuma la responsabilidad de cuidar de sí misma.

¿Qué ventajas tiene hacer de ti una prioridad, ser un poco egoísta?

1. Ayudas más a otros cuando tú estás bien.

Tienes más que ofrecer cuando cuidas de tu salud, de tu energía, de tu felicidad. Cuando haces de todo eso una prioridad.

Además, a quienes te quieren ya les estás ayudando bastante sólo con cuidar de ti. ¿O es que a ti te agrada que las personas que amas descuiden sus necesidades básicas?

2. No necesitas a alguien que te recuerde que eres valioso.

Ya eres valioso y lo sabes. Eso evita que dependas del papel que otro quiera concederte en su vida. Si no te respeta, le das puerta.

3. Te ocupas de lo que es importante para ti.

¿Quién, sino tú mismo, es responsable de tu felicidad, de tu trabajo, de tus objetivos personales? Si no te ocupas tú de todo eso, ¿quién esperas que lo haga?

 

Lo anterior puede que no suene muy romántico, pero sí saludable. ¿No te lo parece?

A mí, sí. Veo el amor de pareja como un camino que comparten dos personas que, a su vez, tienen vida propia. En una visión diferente de las relaciones de pareja puede que esto no encaje.

Imagen de Ed Yourdon


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