¿El amor es una adicción para ti?

Hay adicciones horribles: al juego, a los estimulantes, al alcohol, a la nicotina. Que uno sea adicto al amor no puede ser tan malo.

Pues, como toda adicción, es dañina para quien la padece. Lo que pasa es que no se ve tan claro. Digo, cuando tienes una adicción a una sustancia, sabes que su consumo te hace mal. En cambio, darse cuenta de que uno es adicto al amor no es tan sencillo.

¿Eres tú uno de los afectados? Échale un ojo a estas señales.

flechazo

1. No soportas estar sin pareja. Un corto espacio de tiempo que estás sin salir con nadie y ya te parece que estás condenado a la soledad eterna. ¡No, eso no!

2. Piensas que estar con alguien es la solución a tus problemas. En realidad, la relación no sería la solución a los problemas, sino una forma de huir de ellos. Te sientes tan bien con la llegada del amor que crees que todo se soluciona. Pero no es así.

3. Te enamoras en un visto y no visto. Estás tan desesperado por tener una relación que te aleje de tu triste existencia, que te “enamoras” rápidamente.

4. Sales con cualquier persona que te encuentra atractivo/a. Por el mismo motivo que lo anterior. Sales con la persona que te hace caso, aunque de primeras no te haya gustado.

5. Tu autoestima está por los suelos. Quieres sentirte valioso; que te deseen, que te quieran. En definitiva, necesitas encontrar a alguien para sentirte mejor contigo.

 

En definitiva, un adicto al amor acude a las relaciones para escapar de sus problemas y hacer su vida más soportable.

El problema de esto es que la persona no suele elegir muy bien a su pareja. Con frecuencia, se involucra en relaciones con personas incompatibles o, peor todavía, muy tóxicas.

Su dolor queda anestesiado durante un tiempo. Pero los problemas de los que huyó no tardan demasiado en volver a la superficie. Y a eso hay que añadir los destrozos que puede ocasionar la relación de pareja.

¿Qué habría de hacer quien quiera salir de ahí? No depender de otro para sentirse válido o feliz. Aprender a amarse a sí mismo, a disfrutar de su propia compañía, a solucionar sus problemas.

Y, sí, es complicado. Romper con una adicción cuesta. Pero, a la larga, sale más caro dejarse consumir por ella. ¿No te lo parece?


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