Cómo motivar a tu pareja para que haga más ejercicio

Eres una persona activa. Uno de tus hábitos saludables es practicar ejercicio físico regularmente. Hábito que tu pareja no comparte y a ti te gustaría que lo hiciera, sobre todo, por su salud.

¿Cómo podrías despertar su interés por el ejercicio físico y animarlo/la para que lo practicara como tú?

Seguro que tú, que conoces a tu pareja, tienes tus tácticas. Aquí vamos a apuntar algunas ideas.

ejercicio

1. Sé un buen ejemplo. Si él/ella te ve a ti muy feliz y rezumante de vitalidad cuando practicas actividad física, más fácil es que se anime a practicarla. Como pasa con otros hábitos, se “nos pega” lo que vemos en el entorno.

2. Enfócalo desde la salud. ¿Crees que tu pareja va a motivarse cuando le dices que está gorda o fofo? Allá tú. Pero esto es muy poco respetuoso hacia él/ella y puede hacerle daño saber que no te resulta atractivo/a.

Más que desde el aspecto físico, es preferible que abordes el tema desde la salud: Háblale de los efectos beneficiosos que tendría la práctica de ejercicio para él/ella o de los peligros que acarrea la vida sedentaria.

3. Propón actividades variadas. No todo el mundo es de ir al gimnasio varias veces por semana o de ceñirse a una rutina de ejercicios concreta, ni falta que hace. Hay muchas actividades con las que ejercitar el cuerpo.

Si lo que quieres es que tu pareja se mueva más, sugiérele actividades que puedan gustarle: nadar en la piscina, bailar, correr con el perro, pasear en bici, jugar en la playa, etc.

4. Reconoce sus progresos. En caso de que tu pareja comience a practicar más actividades moviditas, sé su fan. Reconócele el esfuerzo y dile lo contento/a que estás por él/ella.

(Porque, en definitiva, esto es más un bien para él/ella que para ti.)

5. No le presiones en exceso. Si no está acostumbrado/a al ejercicio, no le eches en cara que sube la pendiente más lento que un caracol. Sé paciente y respeta su ritmo.

6. Prescinde de los chantajes. “Si yo te importara, harías esto por mí.” No, no y no. Ésa no es la manera, porque de ahí al resentimiento hay poquitos pasos.

¿Una alternativa? Negocia. Por ejemplo: “El sábado nos vamos de senderismo y el domingo hacemos lo que tú propongas.”

¿Y si nada funciona?

Vamos a suponer que pruebas a motivarlo/la con todo lo que se te ocurre y no hay manera de que tu pareja haga más ejercicio.

En tal caso, respeta su decisión. No puedes obligar a nadie a que cambie de hábitos. Que haga lo que quiera, que ya está grandecito/a.

Eso sí, cuida de que él/ella no te contagie a ti el hábito del sedentarismo. Porque los malos hábitos se contagian, muchas veces, más fácilmente que los virtuosos.

Continúa con tu actividad física; con tu rutina de ejercicios, con tus clases de yoga o con lo que sea que practiques. Hubiera estado bien que él/ella se apuntara a tu rollo saludable. Pero, ya que no ha sido así, sigue tú con él. Sigue cuidándote.


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