Soltero: Para ti, todas las responsabilidades de la casa

Entre las ventajas de vivir en pareja (que tiene bastantes), se incluye la del reparto de responsabilidades en el hogar. Hay dos personas para atender asuntos cotidianos, tales como: limpieza, reparaciones, pago de facturas, etc.

Las personas que estamos solteras (con vocación o sin ella) hacemos frente a todas esas misiones en solitario o, en ocasiones, con ayuda de amigos, conocidos, familiares o vecinos.

Te das cuenta de lo que eso representa cuando, después de estar en pareja, te quedas soltero. Además del embrollo emocional que has de resolver después de la ruptura, te encuentras con que estás solo ante estas vicisitudes del día a día.

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Antes, aunque tu pareja no fuese muy cooperativa (imaginemos), ahí estaba para hacer algunos recados, para mover el sofá de sitio o cambiar la bombilla del salón.

Ése es uno de los aspectos de la vida en pareja que se echan de menos (entre otros, claro): compartir las responsabilidades.

¿Hay algo positivo en todo esto? Sí, desde luego. Aunque se te haga largo, especialmente si vienes de vivir en pareja, te acostumbras a salir adelante por ti mismo. Y, cuando pasa un tiempo, te haces de recursos y te organizas (casi) divinamente.

A mí, por ejemplo, no me gusta conducir. Mi pareja lo hacía siempre. Ahora lo hago yo o encuentro la manera de transportarme. He aprendido a hacer más cosas en la casa. Otras, como he tenido que practicarlas más, las hago mejor que antes.

Es mayor la carga, pero también es mayor la creatividad que se desarrolla y la satisfacción que se experimenta cuando uno se las ingenia para salir airoso de estas misiones cotidianas.

Si acabas de aterrizar en la soltería, date tiempo. Los solteros sabemos cómo ingeniárnoslas para que, lo que tiene que hacerse, se haga.


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