Ventajas e inconvenientes de mudarte con tu pareja

Vivir bajo el mismo techo que tu pareja es un paso natural en la relación. No obstante, hay que meditarlo y prepararse para vencer los posibles obstáculos que surjan en la convivencia.

Mientras cada uno de los miembros de la pareja vive en su propio espacio, es frecuente que compartan lo mejor de sí mismos en esos momentos que están juntos.

Pero, cuando los dos deciden vivir en el mismo lugar, van a compartir el lote completo: los momentos brillantes y los no tan brillantes.

Si próximamente vas a tomar una decisión de este tipo, es probable que te plantees los pros y contras de tu nueva vida. Para empezar, puedes considerar los siguientes puntos. (Tómatelos con humor.)

dos corazones

Ventajas de mudarte con tu pareja

El ahorro. Lo más práctico de mudarte con tu pareja es que reduces gastos (y él/ella, también). Recibos que antes eran dobles, ahora son únicos: el alquiler, la electricidad, el agua, la comunidad, etc.

Se supone que los dos estaréis económicamente más aliviados y podréis ahorrar, a menos que uno de los dos sea un desastre manejando el dinero. (Pero esto es otra historia.)

La cercanía. Ahora vas a tener más tiempo y ocasiones para estar cerca de él/ella (y viceversa).

El descubrimiento mutuo. Se dice que cuando realmente conoces a una persona es cuando vives con ella. Vas a llevarte bastantes sorpresas (y él/ella contigo).

No harán falta años para eso. Las sorpresas comenzarán desde las primeras semanas de convivencia.

El sexo. La libertad para tener sexo cuando os dé la gana también es un gran punto a favor. Sólo habréis de cuidaros un poco de no hacer tanto escándalo y de los vecinos cotillas.

Los primeros meses. El inicio (sorpresas incluidas) puede ser como una luna de miel en vuestra relación. Unos días muy bonitos.

La reducción de cachivaches. Cuando uno se muda se da cuenta de la cantidad de cosas que tenía guardadas. Esta ocasión propicia que te deshagas de un montón de trastos que no vas a necesitar.

Inconvenientes de mudarte con él/ella

Las discusiones. Al convivir bajo el mismo techo, habrá más discusiones entre los dos. Son algo natural y saludable (siempre que se guarden las formas). Pero, si se hacen muy frecuentes, cansan.

Compartir la cama. Compartir la cama con tu pareja nunca fue un problema antes, en vacaciones o en noches concretas. Pero, ¿y todas las noches de aquí en adelante?

Irá todo bien, a menos que tú o él/ella tengan alguna alteración del sueño que impida que el otro descanse (ronquidos, patadas, episodios de sonambulismo, etc.)

Compartir el baño. Qué irritantes son algunos vicios y costumbres relacionados con el baño: las toallas en el suelo, la pasta de dientes sin cerrar, la tapa del WC levantada, la ducha empantanada…

Si ninguno de los dos tiene manías especiales, genial. Lo malo es que alguno las tenga. Muchas rupturas de pareja comienzan en esta habitación de la casa.

El sexo (también). ¿Qué tal si uno de los dos quiere tener sexo a todas horas y el otro no está por la labor?

Nada que no se pueda negociar, como todo lo anterior y lo que tu añadas a la lista de inconvenientes.

Ya en serio, este paso de vivir juntos es muy importante en la evolución de la relación. Los inconvenientes del tipo: manías, defectillos y puntos de vista distintos, están presentes en todas las relaciones de pareja.

Pero, cuando prevalece el respeto, el amor y la buena comunicación entre los dos, pesan mucho más las ventajas. ¿No lo crees tú así?


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