Qué cosas no deberías contarle a tu pareja

Entre las parejas NO hay secretos. ¿Por qué no? ¿Qué hay de malo en ello?

En una pareja puede primar el respeto, el amor y la confianza mutua. Eso no quita que esté formada por dos individuos únicos, que tienen derecho a mantener privadas ciertas cuestiones. Por ejemplo, éstas que vamos a ver.

Tus contraseñas

¿Cuáles? La mayoría de ellas. Muy excepcional es el caso en el que tú hayas de compartir una contraseña con tu pareja.

Él/ella no tiene porqué conocer la contraseña de tu e-mail, ni la de Facebook, ni el PIN de tu tarjeta de crédito. No hay ninguna razón para ello. Tú eres una persona y tu pareja, otra. Cada uno tiene derecho a su propio espacio y a su privacidad.

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Tu diario y otros asuntos muy íntimos

Por muy romántico que suene, que tu pareja lea tu diario es una invasión de tu intimidad. Como que irrumpa en el cuarto de baño, cuando tú estás en un momento muy privado (aunque esto suena menos romántico).

A tu pareja no tienes porqué enseñarle y contarle absolutamente todo. Por ejemplo, esas fotos comprometedoras que conservas de una antigua juerga; o las fotos de tu anterior pareja que no te dio la gana de borrar.

¿Para qué? Si alguna vez te da la gana de desvelarle a tu pareja alguno de estos misterios, adelante. Y, si quieres reservarlos para ti, estupendo. Estás en tu derecho.

Ciertos secretos

A diferencia de lo anterior, hay cuestiones que jamás deberías compartir con tu pareja. Por ejemplo, los secretos que te confía un amigo o familiar, a no ser que corra peligro su vida si los mantienes ocultos.

Contarle a tu pareja las confidencias que te hace un amigo es una traición a esa amistad. ¿Y qué necesidad hay de que tu pareja conozca las intimidades y problemas de tus amigos?

Por otra parte, están tus secretos personales. Hay asuntos delicados que quizás quieras reservarte, especialmente si es una información que puede dañarte si se divulga.

Nunca sabes cuándo puede terminar una relación ni puedes prever qué va a hacer tu pareja con lo que sabe de ti.

No lo cuentes todo hasta que conozcas a fondo a tu pareja. Y, si se pone insistente con las preguntas, cuéntale lo esencial y evita los detalles comprometedores.

Quizás todo esto te parezca un exceso de prudencia. Por mi parte, ojalá lo hubiera llevado a la práctica cuando era más joven. Considéralo.


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