¿Cómo pudo desenamorarse de la noche a la mañana?

Parecían la pareja perfecta; dos individuos hechos el uno para el otro, que iban a estar juntos para toda la vida.

Así parecía, hasta que tras un tiempo de idílica convivencia, uno de los dos comenzó a distanciarse. Luego vino un compás de tira y afloja, seguido del rompimiento definitivo.

El que se distanció y rompió la relación esgrimió una razón para hacerlo: Ya no estaba enamorado.

¿Cómo pudo pasar? ¿Tan frágil es el amor como para que una historia que comienza tan bien termine de esta manera decepcionante?

corazón roto

¿Por qué esta persona se desenamoró?

Quién sabe cuántas explicaciones habrá… Pero quedémonos con tres, que suelen ser frecuentes.

1. No se cumplieron sus expectativas.

Él (o ella) se sintió tan atraído por una persona que la idealizó. Era fácil hacerlo. El comienzo de la relación fue maravilloso; los descubrimientos cotidianos dejaban ver a una persona que reunía todo lo que él estaba buscando (o eso quiso creer).

Las diferencias y los defectos pesaban poco comparados con lo positivo. Pero, a medida que la chispa inicial fue apagándose, las diferencias comenzaron a emerger.

Él esperaba que la magia del principio se prolongara indefinidamente y que viviría para los restos al lado de esa persona especial. Sin embargo, al ir descubriendo ante sí a una persona normal, con defectos, limitaciones y días poco encantadores, se sintió decepcionado.

2. Lo del principio no fue amor.

Quizás confundió el amor con la necesidad. Esto pasa. Necesidad de compañía, de aprobación, de aventura, de sexo, de romanticismo… o de lo que fuera.

Y, una vez que esa necesidad fue satisfecha, perdió el interés, como le pasa a quien tiene hambre y se harta de comer.

3. Los malos tratos.

Desafortunadamente, esto también es frecuente. Piensa en la persona que muestra su faceta más dulce y amable al principio de la relación y deja ver su lado monstruoso al cabo del tiempo.

De ser todo (o toda) candor, da un giro radical hacia la violencia u otros comportamientos abusivos difíciles de tolerar: adicciones, control agobiante, celos enfermizos, maltrato físico o psicológico, etc.

El que se desenamoró se sintió engañado. La persona que amaba no era ésta, definitivamente.

¿Qué podemos aprender de lo anterior?

Para hacer más improbable el desamor, es importante cuidar el inicio de la relación. ¿Cómo?

(1) Procurando que tus expectativas sean realistas. Si estás buscando a tu alma gemela, a alguien que te complete o alguna utopía semejante, mal empezamos. Y, si esperas que él/ella cambie para adaptarse a lo que a tú prefieres, lo mismo.

Ama a la persona que tienes delante, en lugar de a la que tú quieres que sea.

(2) Deja claro lo que toleras y lo que no. Si él/ella hace algo que te molesta, díselo. No te lo calles. Fingiendo que todo está bien estás proyectando una imagen falsa de ti. Ésa de quien quizás tu pareja se enamore al principio.

Es preferible que te muestres tal y como eres desde el inicio de la relación; que le digas a tu pareja lo que esperas y lo que necesitas. Y que tú descubras también de qué pie cojea él/ella (si se deja).

Así, cada cual se enamora de la persona real que tiene delante, no de un espejismo que no existe y que, tarde o temprano, se desvanecerá.


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