Cuando disculparse es sólo un primer paso

Cometes un error grave. Y, para hacer las paces con la parte perjudicada, te disculpas, subsanas el error en la medida de lo posible y das tu palabra de que aquello no se volverá a repetir.

Es necesario. Es apropiado. Pero, tal vez, no sea suficiente, cuando quedan heridas por cerrar.

Vamos a verlo en una infidelidad, por ejemplo. Imagina que tu pareja te ha sido infiel. Tu mayor deseo es que se quede a tu lado y que las cosas vuelvan a ser como antes.

Tu pareja se arrepiente del desliz. Vuelve a tu lado. Te pide perdón. Reafirma su compromiso contigo y te dice que jamás volverá a tener una aventura de ese tipo.

Él/ella te quiere y tiene tantas ganas como tú de que la relación vuelva a funcionar. Con esas ganas de los dos, tú no dudas en perdonar.

pedir perdón

El momento que sigue es liberador para los dos. Al fin juntos. Al fin en paz. Pero es tan sólo un momento. Porque poco después te encuentras pensando en el asunto de la infidelidad y en las preguntas que aún no han recibido respuesta.

¿Cuándo comenzó? ¿Qué le atrajo de él/ella? ¿Me habrá engañado otras veces? ¿Y si vuelve a hacerlo?

El tema y la imagen de tu pareja siéndote infiel no se te van de la mente. Necesitas hablar, sacar esos fantasmas. Y, cuando buscas a tu pareja para decirle cómo te sientes, él/ella reacciona con un:

Ya te he pedido perdón y te he dicho que no volverá a ocurrir. ¿Qué más quieres que haga?

Por lo pronto, mostrar un poquito de paciencia. Un “lo siento” no cura automáticamente todas las heridas cuando éstas son profundas.

Tras el “lo siento”, la parte herida ha de entender qué ocurrió, asimilarlo, aclarar sus sentimientos, volver a confiar… Y eso lleva tiempo. En su deseo de hacer las paces, la “víctima” perdonó en cuanto tuvo la oportunidad. Pero aún está dolida.

Por tanto, el “lo siento” no fue el final, sino el primer paso de un proceso de curación y reconstrucción en la pareja. Lo bueno es que ya ha comenzado.


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