¿Sientes que te han usado?

La relación termina con una sensación amarga añadida, que hace el final más doloroso: Te sientes usada (o usado).

El descubrimiento del engaño o la interpretación que tú has hecho de lo ocurrido te dejan la autoestima por los suelos. ¿Cómo la reanimas?

Esto no se hace en un par de días, pero puedes considerar dos puntos positivos: (1) El mal trago quedará atrás. (2) Puede ser que, a pesar de todo, tras esta experiencia sumes en fortaleza y sabiduría.

Vamos con el proceso de remontada. ¿Qué etapas vas a recorrer? Más o menos, éstas que siguen.

1. El dolor, fuera

Tragarte la tristeza o la ira es lo menos recomendable en estos casos. Tienes derecho a sentirte mal y a expresarlo, siempre que elijas opciones que no te perjudiquen más de lo que estás.

pañuelos de papel

Puedes escribir sobre tu experiencia, llorar sobre un hombro amigo, perderte unos días en un punto remoto del planeta. Etc. Tienes donde elegir dentro de tus posibilidades, vamos.

2. Vista atrás serena

Una vez que te tranquilizas, estás en condiciones de mirar atrás. Antes, quizás no, ya que tenderás a girar en torno a lo doloroso haciendo la herida más grande.

Pero, una vez que se te despeja la cabeza, puedes darte cuenta de muchas cosas. Por ejemplo, de señales que en su día no quisiste ver y que te indicaban que, probablemente, esta persona iba a sacar partido de tu buena fe.

Esa revisión tranquila te servirá para aprender y evitar a futuro los mismos errores, cualesquiera que hayan sido (si es que los ha habido por tu parte).

3. Perdón

Perdonar no da por buena la mala conducta de quien abusó de ti ni le autoriza a otra persona a hacer lo mismo. Perdonar consiste en desvincularse de la persona que te hirió.

Si guardas el rencor dentro de ti recibes un doble perjuicio. El primero, de parte de quien te usó. El segundo de tu parte, al cargar con el dolor y la atadura hacia quien te hizo daño.

Date el tiempo que necesites y, en cuanto puedas, corta los lazos que te atan. Déjalo atrás.

4. Adelante, con la lección aprendida

Aquí se llega, aunque cuando se está al inicio de la recuperación no lo parezca.

Una vez que te has tranquilizado, que has aprendido de la experiencia y que te has liberado del dolor, toca sacarle provecho.

Una manera de hacerlo es colocar el listón un poco más alto la próxima vez. Cualquiera no puede llegar y tratarte como le venga en gana.

Tú mereces respeto y consideración. Para quien no esté dispuesto a pasar por ahí, existe una palabra muy sana que podrías pronunciar con más frecuencia: NO.


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