¿Te ruborizas cuando hablas con alguien que te gusta?

Comienzas a hablar con él/ella y notas el calor; los colores se te suben y tú te das cuenta de lo que ocurre: Estás como un tomate. ¡Qué horror!

¿Seguro que como un tomate? Bueno, que se te ponga la cara de un rojo intenso es algo más fastidioso. Pero, si sólo te ruborizas un poco y enseguida se te pasa, el asunto varía. Muchos lo consideran encantador, aunque a ti no te haga ni pizca de gracia.

En esto de las relaciones, quien no tiene un problema, limitación o defecto, tiene otro. Si el tuyo es que te ruborizas con mucha facilidad, puedes probar a disminuir el malestar que sientes con ideas como las que vas a leer.

Pero, en caso de que el asunto te esté afectando de manera seria, porque esté relacionado con problemas de ansiedad, por ejemplo, considera la idea de acudir a un profesional para que te ayude, que para eso están.

luz roja

Empezamos por lo que hace todo el mundo cuando tiene un problema delante: aceptarlo.

Acepta lo que te ocurre

Empieza por ahí. Puede que el miedo a ruborizarte (que se llama eritrofobia) esté logrando que exageres las consecuencias de que te pongas un poquito rojo.

Claro, al pensar que él/ella se va a dar cuenta y que quizás se burle de ti, es natural que no quieras ruborizarte y que le temas a que ocurra. El problema es que, cuanto más intentes evitarlo, más tenso estarás y, probablemente, antes te ruborizarás.

En cambio, si aceptas que puedes ruborizarte, menos tenso estarás en esa situación social.

Dale menos importancia

Vale. Puede que no te guste ponerte rojo. Pero eso no te impide aceptarlo o incluso abordarlo con sentido del humor, si es posible.

Imagínate. Estás hablando con esa persona y, otra vez, te suben los colores. ¿Qué tal si eres tú quien bromea sobre el asunto?: Ay, mira qué rojo me he puesto.

Eso relaja. Y otra cosa que disminuye la tensión es enfocar tu atención en la otra persona. Escucha lo que te dice él/ella, hazle preguntas, métete en la conversación. Ignora los otros pensamientos que te corran por la mente por un rato.

Sé tú

Tu tendencia a ruborizarte NO va a asustar a la persona con la que estás. Pregúntaselo a cualquiera con dos dedos de frente. No se va a llevar una imagen pobre de ti por esto. Y, si llegara a pasar, tienes suerte de haber descubierto pronto a esta perla para no desperdiciar más tiempo a su lado.

Pierde el miedo en ese sentido. No es necesario que finjas ser mega guay u otras cualidades que te hagan parecer seguro. En realidad, eso es poco recomendable, ya que también estarás más tenso tratando de mantener la pose.

También, si tu color natural de piel no es muy claro, puedes ayudarte con un poco de maquillaje especial para estos casos. O quizás te sirva de placebo para templar los nervios, que es lo principal.

Disculpa si el rubor inoportuno está complicándote la vida y yo he hablado del tema con poca sensibilidad. Cuando la situación es de ese tamaño, como decía al principio, lo suyo es ir a que un profesional diagnostique el problema y te ayude a superarlo.


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