Un remedio para el estrés que suponen las citas

¿Te estresan las citas? Eso es lo normal.

Hasta los individuos más tranquilones pueden experimentar nervios en esas ocasiones, ya que se enfrentan a una situación donde muchos elementos escapan a su control.

Son ejemplos de una lista que podría ser enorme. Y que pueden refrenar la idea de salir a conocer a una persona estupenda, cuando se dan alas a tales inseguridades.

nervios

Por si fuera poco, ahí están las historias románticas (del cine o las novelas) empujando hacia unas expectativas poco realistas: Los protagonistas se encuentran. Todo fluye entre ellos. Y se pone el broche de oro a la cita con un beso espectacular.

La realidad es otra. En la vida real no hay guión que valga. Hay aspectos que se desconocen y que resultan incómodos.

Lástima que, para algunas personas, esa incomodidad se convierta en una ansiedad insalvable. El miedo les gana la partida y prefieren abstenerse de salir con una persona, por si se cumple lo peor de sus temores.

¿Sabes qué es lo que hace crecer esa ansiedad? Que estés más pendiente de ti que de conocer a la otra persona.

Te preocupa qué pensará de TI, qué dirás, qué sentirás, qué será de ti… Estás totalmente metido en TI y en tu experiencia. Y eso mismo hace que la ansiedad se dispare.

En situaciones sociales como ésta (o la de hablar en público, que también provoca temblores), los psicólogos nos recomiendan cambiar el foco de atención.

Cuando hablas en público, en lugar de estar pendiente de en qué momento olvidarás el hilo del discurso o tropezarás en el escenario, conviene que te centres en el público y en el mensaje que le quieres transmitir.

Con las citas pasa algo parecido. Si estás todo el tiempo pensando en lo que puedes hacer o decir mal o en los posibles desastres que surjan, las pasarás canutas. Es preferible que desvíes esa atención y que la centres en la otra persona.

¿Cómo? Con un remedio muy eficaz: la curiosidad. Porque se supone que, si vas a salir con una persona es porque tienes interés en conocerla, aunque sea mínimamente.

Pregúntale. Interésate por lo que quiere hacer; por lo que ha hecho; por el sitio al que prefiere ir dentro de diez minutos. Préstale más atención a él/ella que a ti y los nervios que sientas serán más fáciles de manejar.

¿Qué? ¿Te atreves a probar si funciona?

Imagen de Ardinnnn 🙂


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